miércoles, 28 de abril de 2010

Mi primer post



Hola? Buenas? ... Bueno, no se como se arranca esto, supongo que podría empezar de alguna forma más original, pero como no va a ser un blog original... Voy a escribir las cosas que me pasan por la cabeza y quizás, a alguno le parezca interesante. Lo más probable es que no.
Voy a usarlo como un diario. O por lo menos como Bitácora de Vida. Lo voy a usar como un medio para hacer catarsis. Supongo que lo usaré para eso, o capaz es la primera y última entrada (entrada, suena a palabra “blogger”). Soy BLOGGER, QUE GENIAL!!!
El blog da “level”.
En el barrio me cascotearían la ventana, diría mi maestro de piano y Productor Rubén Diaz, haciendo referencia a los malos tratos que le propinaban cuando en su Loma Hermosa querida lo escuchaban tocar el piano.
No creo que me cascoteen la casa porque escriba un blog, de hecho todavía no se si voy a publicar esto que escribo (si lo están o lo estoy leyendo es porque sí lo hice), pero el tema del barrio me dio el pie para contar mi experiencia del día. El causal de que me dieran ganas de escribir unas lineas.
El caso es que me robaron o me quisieron robar a una cuadra de mi casa. Forcejee, ligue alguna piña y alguna frutilla (que palabra maternal, ja!) en las rodillas y codo. Los pibitos, porque eso eran, son del barrio. Me dio bronca. Soy de contextura “interesante” y la verdad es que podría hacerles frente, pero pensé en mis hermanas, que son menores que yo y transitan más seguido esas cuadras, y las contrariedades que les podría generar mi falso heroísmo.
Tome el colectivo, fui al trabajo, estuve nervioso durante el día y volví a mi casa.
Ahí fue. En ese momento. Cuando volvía.
Con mis 8 camperas voy caminando hacia la parada del colectivo. Cuando me asomo a la esquina, lo veo venir. Inmenso y febril. Corro con la desilusió de alcansárlo, porque claro, como venía el día no podría ser de otra forma. Confirmada la ley de Murphie, me saqué una de las camperas puteando al forro del colectivero que por 10 metros no frena, maldigo mi suerte y predigo las 2 hs que va a tardar en llegar el próxmo. Para mi sorpresa tarda mucho menos. Le pido al conductor que me cobre 1,75 pesos. Me ilusiono porque había un boleto en la máquina y quizás me ahorraba esas esquivas monedas. Te lo imaginas, ya lo se... El boleto no servía. Me senté en un lugar seguro, por las dudas vió. Mire el cielo por la ventana izquierda entre mi compañera de banco y yo, diciéndole a mi Dios: "jajodé, no fue suficiente hoy". Y como es tan guacho, me regaló una luna preciosa. Me inspire y quise escribirlo.